La disciplina no sólo es indispensable para establecer una buena administración del trabajo en equipo, sino también para superar nuestras inseguridades individuales. Una mente disciplinada aprende a diferenciar entre lo real y lo que es apenas el fruto de una percepción subjetiva. Con disciplina eliminamos las actitudes negativas que nos invaden y conseguimos controlar mejor el tiempo.
La disciplina es lo que diferencia el éxito del fracaso.
Los que tienen éxito hacen todo ello porque saben que solo así alcanzarán sus objetivos; en otras palabras lo hacen porque desean lograr estos resultados. Los fracasados, por el contrario, tienden a aceptar como inmodificable lo que obtienen haciendo solo lo que quieren.
Al principio los cambios exigen la nueva actitud de los miembros del equipo y pueden parecer algo aterradores, por que el cambio casi siempre provoca presión. Bastará echar un vistazo a lo que se deja atrás al asumir el enfoque de la administración del tiempo del trabajo en equipo.
La modalidad tradicional provoca lo siguiente:
• Genera confusión y falta de confianza.
• Crea la sensación de no ser escuchado.
• Fomenta el control burocrático del trabajo en la oficina.
• Reduce las oportunidades de trabajar en asuntos más importantes.
• No permite que la gente tenga ideas claras acerca de la calidad de su propio trabajo.
• Hace que los jefes se atribuyan todo el mérito por las ideas ajenas.
• Trivializa las tareas hasta privarlas de sentido.
Para vislumbrar el rumbo que hay que seguir, bastará comparar esta lista con la de las posibilidades que ofrece la administración del tiempo de trabajo en equipo, que normalmente:
• Fomenta la responsabilidad y confianza mutua.
• Convierte en imperativo escuchar las ideas y opiniones de todos.
• Permite a los miembros del equipo resolver problemas de forma colectiva.
• Reconoce la importancia de cada cual y proporciona un clima de aliento, apoyo y aprobación.
• Exige claridad en lo referente a los objetivos, las directrices y los resultados mensurables.
• Brinda retroalimentación.
• Establece la comunicación bilateral como parte de la estructura de trabajo.
• Apunta a la asignación óptima del tiempo para todos.
• Mejora rápidamente el espíritu de grupo, las relaciones personales y la productividad.
Aquí no se trata de una lucha entre dos enfoques, sino de una elección evidente entre influencias positivas y negativas: los equipos de trabajo potentes logran el éxito, en tanto que la antigua modalidad de relación entre jefes y sus subordinados llegan al fracaso.
Daniel Mateeff
RRHH
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